Hay días en que no me sirve “una carne guisada más”: necesito ese asado negro venezolano que llega a la mesa con brillo, huele a fiesta y hace que todos repitan. En muchas casas es el comodín de diciembre —un plato navideño que puede competir con el pernil— y se luce con arroz blanco, ensalada y unas buenas tajadas de plátano maduro.
Y aunque la receta tiene mil versiones familiares, casi todo se decide en dos momentos: caramelizar el papelón (sin quemarlo) y cocinar lento para que el corte quede tierno, no reseco. Si dominas eso, el resto es disfrutar.
Qué es el asado negro (y por qué es tan especial)
El asado negro es un clásico de la cocina venezolana: una pieza de res de forma cilíndrica —normalmente muchacho redondo— que se cocina en una salsa oscura y dulce, donde el protagonismo es del papelón, el vino tinto y el ají dulce. Esa combinación da el color profundo y el sabor característico.
Además, es un plato “agradecido”: rinde, se recalienta bien y, si lo cortas en láminas finas, queda elegante sin complicarte la vida.
El corte que mejor funciona: muchacho redondo
Si quieres un asado negro con buena presentación y textura, el muchacho redondo es la apuesta segura: soporta marinado, mantiene la forma y se lamina bonito. Fuera de Venezuela lo verás como eye of round (equivalencia común).
Tip simple pero efectivo: si puedes, amárralo con hilo de cocina para que conserve el cilindro durante la cocción.
Papelón, panela o piloncillo: lo que cambia (y lo que no)
En Venezuela se habla de papelón, pero en otros países lo encontrarás como panela o piloncillo: azúcar de caña sin refinar, con sabor más profundo que el azúcar blanca. En esta receta funcionan 1:1 en cantidad, con un matiz: algunas panelas vienen más húmedas o más intensas, así que conviene ajustar al final.
Lo importante no es solo el dulzor: es el color y el toque tostado que aparece cuando lo llevas al punto justo.
Los ingredientes clave (los que de verdad importan)
Más allá de la lista, aquí están los imprescindibles para que “sepa a asado negro”:
- Muchacho redondo (1,5 kg aprox.)
- Papelón (o panela / piloncillo)
- Ají dulce (aromático, no picante; es parte del ADN del sabor venezolano)
- Vino tinto (mejor si es semiseco o con un punto amable; en muchas casas se usa Sagrada Familia, pero no es obligatorio)
- Cebolla, ajo, pimentón, cebollín
- Jugo de naranja, pasitas y especias (clavito, pimienta, laurel si te gusta)
El punto crítico: caramelizar el papelón sin amargar
Aquí se gana (o se pierde) el plato.
- Calienta un poco de aceite en una olla pesada.
- Agrega el papelón rallado y deja que se derrita a fuego medio.
- Observa el color: ámbar → caoba → negro brillante.
- Te detienes en “negro brillante”, cuando huele a tostado dulce, sin humo ni olor agresivo.
Si te pasas y aparece amargor (olor a quemado), no intentes “arreglarlo con magia”: es mejor repetir el caramelo que arrastrar ese sabor a toda la salsa.
Paso a paso: cómo hacer asado negro con salsa oscura y brillante

1) La víspera: marinado con sabor real
Un día antes, en la noche, licúa (sin volver puré total) parte del vino tinto con cebolla, ajo, ají dulce, pimentón, cebollín, jugo de naranja y pasitas. Haz pequeñas perforaciones en la carne y “embute” un poco de esa mezcla para que el interior no quede plano. Cubre y refrigera hasta el día siguiente.
2) El día clave: sellado + cocción lenta
- Seca la carne, puedes usar papel toalla, salpimienta.
- Haz el caramelo de papelón (negro brillante).
- Cuando esté el caramelo en su punto, mete la pieza y deja que selle, girando con pinzas: debe quedar dorada intensa, casi “quemadita” por fuera, sin pincharla.
- En este punto la temperatura ya debe haber disminuido y se puede hacer lo siguiente (con cuidado): desglasa con un chorrito de vino tinto para levantar el fondo.
- Añade el resto del vino y parte del marinado. El líquido debe cubrir solo 1–2 cm del fondo: esto no es una sopa, es un estofado controlado.
3) Cocción: horno u hornilla (los dos sirven)
- Ideal recomendado: caldero grueso con tapa, horno holandés con tapa, olla Rena Ware tipo cacerola.
- Horno: 170 °C, 2 h 30 min a 3 h, con tapa. Revisa cada 40–45 min y añade líquido en tandas pequeñas si baja demasiado.
- Hornilla: fuego muy bajo, 1 h 30 min a 2 h, siempre tapado, vigilando que no se seque.
Cuando esté listo, la carne cede con facilidad y se siente tierna, no “chiclosa”.
No uses ollas de pared delgada, no conservan una temperatura interna de manera eficiente y será triste.
4) El final que cambia todo: reposo, reducción y napado
Saca la pieza y deja reposar 10–15 minutos. Mientras tanto, retira y pasa por colador la salsa; llévala a hervor lento para reducirla unos minutos hasta que quede oscura, con cuerpo y brillo. Lamina la carne, devuélvela a la olla y napa (baña) bien cada tajada.
Con qué acompañarlo (para que parezca mesa de fiesta)
El trío clásico es infalible: arroz blanco + tajadas + ensalada. Y si estás en modo diciembre, encaja perfecto con hallacas, pan de jamón y ensalada de gallina: por algo muchos lo consideran un plato navideño de primera.
Errores comunes y cómo evitarlos
- Salsa amarga: casi siempre es caramelo pasado. Solución real: evitar el humo; detenerse en negro brillante.
- Carne reseca: evaporación alta o tapa floja. Olla pesada, fuego bajo y líquido corto pero constante.
- Salsa pálida: sellado tímido o caramelo corto. Aquí no hay atajos: tostado bien hecho = sabor.
Variaciones sin traicionar la esencia
- Sin papelón: panela o piloncillo funcionan perfecto (misma cantidad) y mantienen el perfil.
- Sin alcohol: sube el jugo de naranja y equilibra con un toque de vinagre para compensar complejidad.
- Olla de presión: te ahorra tiempo, pero pierdes control fino del color. Si la usas, termina destapado para reducir y dar brillo.
Conservación y “leftovers” que valen la pena
- Refrigerado, bien tapado: 3–4 días.
- Recalienta lento, tapado, con un chorrito de agua o vino para que la salsa reviva.
Y sí: en arepa o en sándwich caliente también funciona peligrosamente bien.
